Caballo Criollo

Fuente: Wikipedia

Por caballo criollo se conoce a una raza de esos animales equinos que se distribuye por toda América del Sur en América Central y América del Norte. En los distintos países del continente se ha ido desarrollando de diverso modo. El caballo criollo es la raza característica del Cono Sur y cada año son más quienes lo crían, lo utilizan para las duras tareas del campo, o lo disfrutan en sus momentos de ocio.

En la prehistoria durante el pleistoceno existían caballos autóctonos en casi toda América, el territorio que corresponde a la Argentina fue particularmente rico en estos “paleocaballos” ( principalmente hipiddiones), empero la llegada del ser humano hace más de 11.000 años parece haber sido un factor decisivo (junto a epizootias) para la absoluta extinción de los equinos autóctonos de América; por este motivo a la llegada de los europeos (fines del siglo XV e inicios del siglo XVI) no existía ninguna memoria ni conocimiento de esos primeros caballos de los cuales solo quedan fósiles.
El caballo criollo es descendiente del caballo ibérico traído por los conquistadores españoles a América. Un compuesto genético de caballos de sangre caliente derivado del caballo berbérisco del norte de África, del caballo del Valle del Guadalquivir en Andalucía y otros que se agrupaban en el género de caballos de trabajo llamados “jacas” o “rocines”. Ya en América, algunos de ellos escaparon de las haciendas y misiones religiosas o fueron robados por los indios. En el campo formaron grandes tropas y expuestos a un entorno salvaje, la selección natural y la endogamia, les fijaron características genéticas propias. Cabe indicar que estas líneas genéticas están total o virtualmente extentitas en la España y Portugal actuales.

Caballo

Los especímenes equinos traídos a América no eran caballos seleccionados para la reproducción, eran caballos rústicos y valientes usados en España para el trabajo. No había licencia real para exportar caballos de selección que pudiesen constituir lotes de fundación, exceptuando los regalados por los reyes a otros gobernantes de la Europa del siglo XV y XV, como los caballos usados para la formación del Lepizzaner.
Hasta que no se reprodujeron en abundancia, los caballos traídos a América poseían un elevadísimo costo debido a su gran valor práctico y táctico y a su escasez inicial.
Los caballos entraron en Argentina a través del Perú, del puerto de Buenos Aires y de Brasil. Pero la corriente introducida por Buenos Aires es considerada la más importante, los traídos por Pedro de Mendoza al fundar la Ciudad de Buenos Aires en 1536.

Más tarde, Mendoza debió abandonar Buenos Aires obligado por la defensa de los pueblos originarios, y dejó los caballos, que una vez sueltos se reprodujeron prodigiosamente merced al bioma de praderas y pastizales y clima templado típico de la Pampa Húmeda. Tanto, que al llegar Juan de Garay, en 1580 al Río de la Plata consideró a las caballadas como “fantásticas” (abundantes y de excelente calidad).
Sólo los más fuertes lograron sobrevivir y reproducirse, aprendiendo a defenderse de los peligros tales como pumas y otros depredadores, soportando además climas extremos. Los pueblos aborígenes, increíblemente adaptables al “monstruo invasor”, aprendieron primero a alimentarse de su carne, y después lograron una relación simbiótica con el caballo, a tal extremo que en el presente se sigue ampliando el estudio de la “doma india”.

Volviendo a la reproducción y origen de los caballos en el territorio argentino: si ya desde inicios del siglo XVI quedaron caballos libres y se reprodujeron masivamente, estos caballos o baguales cimarrones pasaron a ser considerados “realengos”, es decir posesión de la corona española, aunque en la práctica eran utilizables por cualquier persona habilitada, como los campesinos libres -luego gauchos-, que hicieron de los caballos uno de sus principales medios de subsistencia y un símbolo de prestigio (pingo es uno de los nombres dados al caballo y al pene).
En cuanto a los indígenas, especialmente los del sur, si por un lado amansaban a los caballos de un modo casi nada violento, era común que consumieran como un manjar la carne de yeguas.
Por otra parte ciertas características de algunos caballos criollos ha hecho suponer que pudieran poseer algún acerbo genético asnal debido a un incidental cruce con una -excepcional- mula fértil (el territorio argentino fue centro de crianza masiva de mulas para el transporte de minerales preciosos desde las montañosas regiones del Alto Perú).

julio 7th, 2010 by admin | Comentarios desactivados

Palabra Gaucho

http://www.elfolkloreargentino.com/gaucho.htm
Aunque se la utilizó en todo el río de la Plata – y aún en Brasil – no existe absoluta certeza sobre el origen de la palabra gaucho.

Es probable que el vocablo quichua huachu (huérfano, vagabundo) haya sido transformado por los colonizadores españoles utilizándose para llamar gauchos a los vagabundos y guachos a los huérfanos.
También existe la hipótesis de que los criollos y mestizos comenzaron a pronunciar así (gaucho) la palabra chaucho, introducida por los españoles como una forma modificada del vocablo chaouch, que en árabe significa arreador de animales.

La denominación se aplicó generalmente al elemento criollo (hijos de españoles) o mestizo (hijos de españoles con indígenas), aunque sin sentido racial sino étnico ya que también fueron gauchos los hijos de los inmigrantes europeos, los negros y los mulatos que aceptaron su clase de vida.

El ambiente del gaucho fue la llanura que se extiende desde la Patagonia hasta los confines orientales de Argentina, llegando hasta el Estado de Rio Grande del Sur, en Brasil (gaúcho).

El proceso evolutivo del gaucho y el uso de esa palabra se desarrolló sin solución de continuidad. Distintos tipos de gaucho existieron en Argentina antes de 1810, es decir antes de ser conocidos con ese nombre. Peones de campo existieron desde que comenzaron a formarse las primeras estancias, aunque hayan sido pocas al principio. El tercer tipo – que luego se llamó gaucho alzado – existió en reducido número. Pero no fueron los primitivos peones ni los “fuera de la ley” quienes le dieron la característica suficientemente fuerte para llamar la atención.

Es indudable que el tipo de gaucho que tuvo realmente fisonomía peculiar – el primero que fue llamado así – fue el gaucho nómada, no delincuente, que estuvo implícito en el gauderío oriental del s. XVIII. Este gaucho fue algo más que un simple vagabundo. Adquirió en la Argentina, a lo largo del s. XIX rasgos propios bien definidos. Y cuando se difundió suficientemente – es decir, a medida que fue creciendo la población rural – fue llamado gaucho, como también se había llamado al paisano oriental del s. XVIII.

Hábiles jinetes y criadores de ganado, se caracterizaron por su destreza física, su altivez, su carácter reservado y melancólico.

Casi todas las faenas eran realizadas a caballo, animal que constituyó su mejor compañero y toda su riqueza. El lanzamiento del lazo, la doma y el rodeo de hacienda, las travesías, eran realizados por estos jinetes, que hacían del caballo su mejor instrumento; en el caballo criollo no sólo cumplía las faenas cotidianas sino que con él participó en las luchas por la independencia, inmortalizando su nombre con las centauras legiones de Güemes.

Fue el hombre de nuestro campo, principal escenario de su vida legendaria y real. De vida solitaria ya en grupos de tiendas, como las tribus nómades ya en racheríos aislados como en la pampa sureña.

junio 23rd, 2010 by admin | No Comments »

Gaucho

El gaucho es un tipo de campesino característico de las llanuras de Argentina, Uruguay, el Sur de Brasil y la Patagonia Chilena. Se identifica por su condición de hábil jinete y por su vínculo con la proliferación de vacunos en la región y las actividades económicas y culturales derivadas de ella, en especial el consumo de carne y la utilización del cuero. El equivalente femenino del gaucho se denomina china.

Aparecido en el curso del siglo XVIII, hasta mediados del siglo XIX fue un trabajador semi-nómada y con una autonomía personal considerable. Los sistemas de trabajo forzado impuestos por los terratenientes (estancieros) luego de la independencia, dieron forma al régimen clientelar del peón de campo.

Actualmente, se designa gauchos, genéricamente, a los habitantes rurales dedicados a las tareas de ganadería en Argentina, Uruguay, el sector chileno de la Patagonia, y a la población del Río Grande del Sur, sur del Brasil. A la mujer gaucha tradicionalmente se le ha llamado “china” (en quechua: muchacha y por extensión hembra ), “paisana”, “guaina” (en el norte litoraleño), “gaucha”, “prenda” (en el sur del Brasil).

Los gauchos conservan un papel importante en el sentimiento nacionalista de Argentina y Uruguay. Siendo actores importantes de las guerras de independencia y civiles, y desarrollando una literatura original, la literatura gauchesca, uno de cuyos ejes temáticos fue la denuncia de la injusticia social, que tuvo como punto culminante al libro El gaucho Martín Fierro (1872 y 1879).

Mantiene semejanzas con otros campesinos americanos, como con el charro mexicano, el huaso chileno, el llanero colombo-venezolano, el cowboy estadounidense, el vaquero paraguayo el chagra ecuatoriano, el sabanero costarricense, el qorilazo y el morochuco peruano.

Existen varias teorías sobre el origen del nombre “gaucho”. Se sugieren, entre otras hipótesis, que puede haber sido derivado del quechua “huachu” (huérfano, vagabundo) o del árabe “chaucho” (un látigo utilizado en el arado de animales). En el árabe mudéjar existía la palabra hawsh para significar al pastor y al sujeto vagabundo, por otra parte se ha señalado la probable influencia de inmigrantes moriscos clandestinos en la génesis del gauchaje, tal cual lo indicaba Diego de Góngora en sus informes capitulares a la corona española.[4] Aún hoy en Andalucía —especialmente en la lengua gitana caló— se habla de gacho para significar al campesino y, de modo figurado, al amante de una mujer. En el siglo XVIII Concolorcorvo habla de gauderios cuando habla de gauchos o huasos, gauderio parece ser una especie de “latinización” de las palabras antedichas, latinización asociada al término latino —muy conocido entonces, ya que era usual en la liturgia católica— gaudeus, que significa “regocijo”, e incluso “libertinaje”, es decir la palabra “gaucho” como la palabra “huaso” —metátesis una de la otra— parecen indudablemente plurietimológicas, y forjadas en un contexto temporal y territorial específico, el ámbito ganadero del Cono Sur. A la formación del gaucho también contribuyeron los camiluchos, estos eran los antiguos peones o “camilos” de las Misiones Jesuíticas, los cuales, al ser expulsada la orden jesuítica en 1767 e invadidas las “reducciones”, marcharon hacia la región pampeana o pampa argentina

El primer uso documentado del término data de los años de la independencia argentina, declarada en 1816. Pero se vendría usando desde 1770.

mayo 19th, 2010 by admin | Comentarios desactivados

José Larralde – Grito del silencio

Por la huella de luz que deja el sol
en mis mañanas pampas,
te veo llegar… y no es cierto,
como tampoco es cierto
que llegas con la sombra blanca
de la luna en mis noches
cansadas de soledad y nada,
se acurruca tu figura
de recuerdo en la inmensidad
de mi pecho abierto al aire
perfumado de mujer ausente,
se estremecen mis manos apretadas
en un perdón de tiempo
que se parte en vacío
de ansiado regreso,
en una lágrima punzante,
se refleja tu rostro pálido,
y tu gesto… y yo.

Quisiera verte llegar confundida
entre flores de un verano,
quisiera darte la luz que
va por el aliento de tu tallo,
quisiera sentir tu celo ahogando
mi pecho y en tu rubor,
quisiera mezclarme en tu sangre
y arder en la llama de tu resplandor,
beber de tu boca la sabia
que alimenta el fruto de este inmenso amor.

Pero en este grito de silencio
encanecido de espera
te sigo soñando,
y quisiera…
beber de tu boca la sabia que alimenta
el fruto de este inmenso amor.

mayo 16th, 2010 by admin | No Comments »

Diccionario de jose larralde

mayo 14th, 2010 by admin | No Comments »